20.1.13

El monstruo del primer día de clases

En el momento en que la mano adulta, cubierta de arrugas y cicatrices soltaba la pequeña y tierna mano que sostenía el mundo cambiaba, no era como entrar a una dimensión desconocida pero la luz era distinta, una luz terrosa que parecía escurrirse a su alrededor. Pero lejos de la seguridad de la madurez, los pequeños pies avanzaban hacia el edificio blanco, le había parecido tan inocente cuando su madre lo arrastraba por la acera de enfrente para ir de compras pero ahora con esa luz el edificio tenía un aspecto inquietante... casi siniestro. Las ventanas parecían juntarse a la puerta alargándose como dos ojos gatunos al asecho y la puerta se agrandaba como una gran boca dispuesta a tragárselo apenas entrase, pero tenía que entrar y lo hacia, sus pies parecían moverse por si solos movidos por esa extraña fuerza que parece acercarnos al núcleo de las pesadillas en lugar de echarse a huir.
El pasillo que lo esperaba era angosto, claustrofóbico, oscuro, totalmente muerto. No había ventanas aunque visto desde afuera el edificio parecía tener miles de ellas. Y caminaba siguiendo el oscuro camino cubierto de baldosas con formas espectrales, caminaba guiándose por la única puerta que le esperaba  al final. No tenia tiempo ni siquiera de alargar la mano hacia la manija porque la puerta se abría inesperadamente y unas largas garras lo arrastraban hacia adentro y de pronto se encontraba sentado en una silla con él mirándolo. Era casi cuadrado, cubierto de pelos marrones y con dos grandes garras a modo de brazos, sus ojos  grandes y amarillos lo miraban amenazadoramente y de su boca salía un gruñido dejando al descubierto dientes puntiagudos y amarillentos. 
Cuando se alejaba al centro, porque entonces se había percatado que el aula la ocupaban otros niños y niñas de su edad formando un circulo, les sonreía, con esa sonrisa que era capaz de llevarlos a la locura.
Todos estaban paralizados.
Y de pronto se acercaba a un niño al azar y lo tomaba en sus brazos.
Pero no, no era al azar, todos lo sabían, era el ritual de inicio de clases, escogía al niño que pero se había portado en vacaciones, aquel que más había luchado por no ir ese día. Y como abriendo una nuez le abría el cráneo y con una cuchara de pala empezaba a devorar sus sesos esparciéndolos por todo el piso.  Y lo miraba, sonriéndole con sus dientes mortales cubiertos de sangre....


Nunca fui tan irreverente y contestataria como cuando era niña y nunca odie más las instituciones educativas que entonces, solo pensaba que las cosas deben de ser como deben de ser, así que si no quería ir al jardín de infantes pues nadie podía obligarme. Pero resulta que mis padres querían excusas más lógicas que el hecho de que yo no iba muy bien con la gente. Así que haciendo acopio de mi imaginación me invente este cuento como excusa  y como premio obtuve una regañina memorable, una cita con el psicólogo (eso que aún no había descubierto a Lovecraft) y el premio mayor, tuve que ir al jardín de infantes. Y es que darle tanta importancia a este cuento me llevo a terrores increíbles  veía sombrar saliendo a mi paso y pasaba las noches dando vueltas en la cama y solo me tranquilizaba despertarme y ver que  no estaba en un aula. 
Aunque el tiempo borro esos terrores infantiles siempre me quedo un no sé que en contra del primer día de clases y es que las cosas no fueron mejores en la escuela donde yo parecía un gato en medio de perros y en el colegio la superficialidad y la estupidez  de la gente no ayudaban a mejorar el paisaje y bueno en esa universidad {ESTE COMENTARIO HA SIDO ELIMINADO POR CONSIDERARLO OFENSIVO Y/O CONTENER LENGUAJE INAPROPIADO }
Pero haciendo acopio a la lógica en realidad no me gusta el primer día de clases porque el día anterior (o sea hoy) uno tiene aun esperanzas de que esta vez si sea como debe de ser, que los profesores no sean como se supone que son y que las caras que veré día a día sean menos patosas que lo normal; pero llega el primer día de clases y todo es peor de lo que imaginaba, la gente es tan #&dhhsd%$ como recordaba, los profesores son tan cuadrados como mi cuaderno y las materias son tan horribles como dijeron que serían. El primer día es tan desconsiderado y realista que creo que sería mucho mejor e interesante encontrarme con el Don Monstruo de mi relato.
PD: ya ni modo, al mal tiempo darle prisa :D