6.10.16

Upon that Mountain

Es casi como si hubiera un cordón alrededor de estos grandes picos, más allá del cual nadie puede ir. La verdad, por supuesto, radica en el hecho de que a partir de los 7.500 metros los efectos de la baja presión atmosférica sobre el cuerpo humano son tan graves que resulta imposible superar los tramos realmente difíciles, y las consecuencias de una tormenta, incluso benigna, pueden ser letales; que nada salvo las más perfectas condiciones climatológicas brinda la menor posibilidad de éxito, y que en el último trecho de la escalada ningún grupo está en situación de escoger día... No, no es extraordinario que el Everest se resistiera a los primeros intentos de conquista; en efecto, lo contrario habría sido sorprendente y no poco triste, pues no es ése el estilo de las grandes montañas. Quizás; en esta era de conquistas mecánicas nos habíamos vuelto un poco arrogantes con la flamante tecnología de ganchos para hielo y zapatillas de goma. Habíamos olvidado que la montaña sigue reservándose la carta definitiva, y que sólo concede el éxito cuando así le conviene. ¿Por qué, si no, sigue siendo fascinante el montañismo?
 Eric Shipton, en 1938