15.8.11

Manía Religiosa


La belleza de la manía religiosa es que tiene el poder de explicarlo todo. Una vez se acepta a Dios (o a Satanás) como la primera causa de lo que sucede en el mundo mortal, nada queda abandonado al albur, o al cambio. En cuanto se han dominado las frases mágicas como «ahora vemos a través de un cristal oscuro» y «misteriosos son los caminos que Él elige para hacer sus milagros», se puede arrojar alegremente la lógica por la borda. La manía religiosa es uno de los pocos medios infalibles para responder a las incongruencias del mundo, porque elimina por completo el puro accidente. Para el maníaco religioso, todo está hecho a propósito.

Nada hay tan reconfortante para el espíritu abatido o el cráneo roto como una fuerte dosis de «hágase tu voluntad».