8.4.10

Se Conocieron

Se conocieron un día de octubre; era un día como tantos otros que van a parar a la memoria del tiempo.

No llovió pero tampoco salió el sol, las calles se atestaron

Se conocieron un día de octubre; era un día como tantos otros que van a parar a la memoria del tiempo.

No llovió pero tampoco salió el sol, las calles se atestaron de gente, los colegios de estudiantes, los hospitales de enfermos, los aeropuertos de gente que quería huir a otra cárcel… el mundo de esa rutina atemporal e incrédula que tenía principio y esperanza de encontrar un final heroico…

¡Ilusa!-debe decir el tiempo-¡ilusos!- se debe carcajear-se están forjando su propia eternidad.

¡Ah, si el tiempo pudiese hablar! Entonces tal vez hubiese sido un día fuera de lo común… pero todo siguió su curso.

Hay un parque justo frente a la iglesia y tras la tienda de artesanías peruanas, un parque con almendros, un parque con olor francés, un parque errante que un día hecho raíces… un parque.

Eran las 12:30 y como todos los jueves a esa hora el parque se lleno de transeúntes que salían de sus trabajos, que salían a almorzar, que salían a seguir cumpliendo el papel que se habían impuesto.

Él se paro junto a la pileta vacía y miro su reloj para luego mirar el reloj de la iglesia, frunció el ceño…

Ella se paró junto a la pileta vacía y se sentó en el borde… una sonrisa leve cruzo su rostro…

Eran las 12:35 y todo estaba igual, el parque olía a café… a café caliente, de ese que sirven en la cafetería de enfrente todas las mañanas, olía a almendros y olía… ¿olía a desinfectante?

Esta vez arrugando su nariz él volteo su cabeza buscando la fuente del olor. Ella, curiosa, intento averiguar de dónde provenía ese curioso olor.

Se miraron. Ella tenía ojos negros, y él ojos castaños. Y se miraron. Se miraron por 1 segundo que los libros de poesía y novelas lo describen como 1 segundo en que todo se detiene, en que no parece importar nada… y en la realidad ese segundo es un tirón de tripas que nos produce intensas ganas de ir al baño y una increíble conciencia de que precisamente en ese segundo preferiríamos que no existan los baños…

Se miraron y él se sentó junto a ella. Se miraron nuevamente y se sonrieron.

-A veces es complicado encontrar un buen lugar para almorzar aquí-comentó él.

Ella asintió.

¡Qué ocurrente!-le recriminó la conciencia a él.

Silencio.

Ella se fijo en una nube con forma de taza.

-Esa nube tiene forma de taza-pensó él mirando una nube.

Silencio.

Él suspiro.

Ella lo miró y sonrió.

-A veces no funciona- le dijo.

-¿Qué?-interrogo él.

-Suspirar-ella explicó-A veces es mejor gritar.

Silencio.

AAAAAAAAAAhhhhhhhhhhhhhaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!! Un grito desgarro el aire. Algunos voltearon a ver… otros siguieron su camino meneando la cabeza con desaprobación.

-Deberías intentarlo-dijo él.

-En algún momento lo hice-dijo ella.

Silencio.

Se miraron y se sonrieron.

¿Qué vale más una sonrisa o un par de palabras?

Ella se fijo en cómo era él, como iba vestido, cuantas canas tenía.

Él se fijo en sus facciones, en su silueta, en su ropa.

13:00 pm.

Ella se puso de pie y comenzó a alejarse.

Regreso la vista y le sonrió.

Él la miro alejarse.

Él volvió a su vida… a esperar la llamada que nunca llego, a fingir la vida que no eligió, a enterrar el sentimiento que no nació. Se casó, tuvo 2 hijos, una casa con jardín, 3 carros, 2 cuentas bancarias, 3 tarjetas de crédito, 120 trajes, 2 lunas de miel, asistió a 13 reuniones familiares, tuvo 1 infarto y dos amantes…

Ella nunca espero a nadie y nadie nunca llegó… no se casó, tuvo 5 amores de paso, participo en 3 orgías, bebió 510 tazas de té, se embriago 25 veces, se cambió de casa 9 veces, perdió 4 trabajos, leyó 60 libros…

Él sale todas las mañanas a su trabajo, ella está todas las mañanas en la plaza alimentando palomas.

Se conocieron y no volvieron a verse. Se conocieron y pretendieron olvidarse. Se conocieron y nunca se olvidaron. Se conocieron como tantos se conocen.

Por Andrea Lizeth Cisneros Medina

de gente, los colegios de estudiantes, los hospitales de enfermos, los aeropuertos de gente que quería huir a otra cárcel… el mundo de esa rutina atemporal e incrédula que tenía principio y esperanza de encontrar un final heroico…

¡Ilusa!-debe decir el tiempo-¡ilusos!- se debe carcajear-se están forjando su propia eternidad.

¡Ah, si el tiempo pudiese hablar! Entonces tal vez hubiese sido un día fuera de lo común… pero todo siguió su curso.

Hay un parque justo frente a la iglesia y tras la tienda de artesanías peruanas, un parque con almendros, un parque con olor francés, un parque errante que un día hecho raíces… un parque.

Eran las 12:30 y como todos los jueves a esa hora el parque se lleno de transeúntes que salían de sus trabajos, que salían a almorzar, que salían a seguir cumpliendo el papel que se habían impuesto.

Él se paro junto a la pileta vacía y miro su reloj para luego mirar el reloj de la iglesia, frunció el ceño…

Ella se paró junto a la pileta vacía y se sentó en el borde… una sonrisa leve cruzo su rostro…

Eran las 12:35 y todo estaba igual, el parque olía a café… a café caliente, de ese que sirven en la cafetería de enfrente todas las mañanas, olía a almendros y olía… ¿olía a desinfectante?

Esta vez arrugando su nariz él volteo su cabeza buscando la fuente del olor. Ella, curiosa, intento averiguar de dónde provenía ese curioso olor.

Se miraron. Ella tenía ojos negros, y él ojos castaños. Y se miraron. Se miraron por 1 segundo que los libros de poesía y novelas lo describen como 1 segundo en que todo se detiene, en que no parece importar nada… y en la realidad ese segundo es un tirón de tripas que nos produce intensas ganas de ir al baño y una increíble conciencia de que precisamente en ese segundo preferiríamos que no existan los baños…

Se miraron y él se sentó junto a ella. Se miraron nuevamente y se sonrieron.

-A veces es complicado encontrar un buen lugar para almorzar aquí-comentó él.

Ella asintió.

¡Qué ocurrente!-le recriminó la conciencia a él.

Silencio.

Ella se fijo en una nube con forma de taza.

-Esa nube tiene forma de taza-pensó él mirando una nube.

Silencio.

Él suspiro.

Ella lo miró y sonrió.

-A veces no funciona- le dijo.

-¿Qué?-interrogo él.

-Suspirar-ella explicó-A veces es mejor gritar.

Silencio.

AAAAAAAAAAhhhhhhhhhhhhhaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!! Un grito desgarro el aire. Algunos voltearon a ver… otros siguieron su camino meneando la cabeza con desaprobación.

-Deberías intentarlo-dijo él.

-En algún momento lo hice-dijo ella.

Silencio.

Se miraron y se sonrieron.

¿Qué vale más una sonrisa o un par de palabras?

Ella se fijo en cómo era él, como iba vestido, cuantas canas tenía.

Él se fijo en sus facciones, en su silueta, en su ropa.

13:00 pm.

Ella se puso de pie y comenzó a alejarse.

Regreso la vista y le sonrió.

Él la miro alejarse.

Él volvió a su vida… a esperar la llamada que nunca llego, a fingir la vida que no eligió, a enterrar el sentimiento que no nació. Se casó, tuvo 2 hijos, una casa con jardín, 3 carros, 2 cuentas bancarias, 3 tarjetas de crédito, 120 trajes, 2 lunas de miel, asistió a 13 reuniones familiares, tuvo 1 infarto y dos amantes…

Ella nunca espero a nadie y nadie nunca llegó… no se casó, tuvo 5 amores de paso, participo en 3 orgías, bebió 510 tazas de té, se embriago 25 veces, se cambió de casa 9 veces, perdió 4 trabajos, leyó 60 libros…

Él sale todas las mañanas a su trabajo, ella está todas las mañanas en la plaza alimentando palomas.

Se conocieron y no volvieron a verse. Se conocieron y pretendieron olvidarse. Se conocieron y nunca se olvidaron. Se conocieron como tantos se conocen.

Por Andrea Lizeth Cisneros Medina