5.12.09

EL DESTINO


La espuma flotaba perezosamente sobre la superficie achocolatada del chocolate caliente que estaba a punto de beber.
Da un sorbo, sabe exactamente como lo esperaba, exactamente el mismo sabor de ayer, el mismo sabor de anteayer… el mismo sabor de todos los días, incluso la tasa es la misma, un cristal transparente y delicado que invita a beber lo que contiene.
Pero el dejo la taza sobre la mesa, había pasado por eso tantas veces como para pararse a pensar en el sabor o en lo apetitoso que se veía el chocolate caliente sin el cual, irónicamente, no podría vivir.
Miro la empanada que yacía intacta en la mesa, no tenía idea de porque la había pedido, el nunca comía nada con el chocolate caliente. Cierto, tal vez la había pedido para distraerse pensando en la empana en lugar de pensar en lo que estaba por venir.
Aparto la empana con desagrado y alzo la vista, en la mesa de enfrente se sentó una pareja de adolescentes, una vez más (como tantas otras) le sorprendió la variedad de gente que frecuenta un café como aquel.
Se fijo atentamente en la pareja, ella una adolescente de no más de 16 años, ojos claros que desbordaban sentimientos y una sonrisa que hacia sonreír a cualquiera; él, un chico apenas unos años mayor que ella, sonreía de igual forma mientras hablaba haciendo gestos.
Típico, a ella le gustaba el pero él en ese preciso momento le hablaba de su novia.
Le hubiese gustado levantarse y advertirle a ella que no se dejase consumir por ese amor y como le hubiese gustado abrirle a él los ojos y decirle que por algo que seguramente no iba a ningún lugar se estaba perdiendo de otra cosas mil veces mejor y que tenía enfrente de sus ojos.
Volvió a sorber su taza de chocolate, en fin, así eran las cosas… le gustase o no, la vida pocas veces se asemejaba a un cuento de hadas, él lo había comprendido después de mucho… pero finalmente lo había comprendido y por eso estaba esa tarde ahí, sentado tranquilamente, esperando, esperando… esperándola…
Llego, con el retraso de siempre 20 minutos después de la hora, lo saludo tan fríamente como lo venía haciendo desde hace un tiempo, se sentó pidió un jugo de naranja.
-Solo, por favor…
Si, al igual que él ella no tomaba nada con su jugo, eso le trajo recuerdos de las tantas tardes que pasaron sentados en esa misma mesa, en ese mismo café, chocolate caliente tras chocolate caliente, jugo de naranja tras jugo de naranja, mirada, tras mirada, beso tras besos… ¡Como cambian las cosas!
Le sirvieron su jugo, el volvió a darle un sorbo a su bebida caliente, ella de igual forma probo su jugo, se miraron un largo momento, ella lo miraba con odio, él con el amor que ni siquiera la realidad había podido matar.
-Fue tu cumpla-le dijo ella mirándolo con esos ojos negros que él nunca podría olvidar.
-Si-acepto él.
Hubo un silencio, ella dejo a un lado su bebida, se puso de pie y salió sin siquiera mirar atrás.
El miro el vaso a medio acabar que ella había dejado, tomo un poco de su contenido, no era el mismo sabor que el chocolate pero tenía impregnado su perfume, le hacían creer que aun sentía sus labios.
Aparto el vaso ya vacio y pidió otro chocolate mientras al igual que una ardilla en hibernación se sumía en sus pensamientos, en su ensueño, en su mundo.
Si, es cierto, tan cierto: el error de la mayoría de las personas es buscar siempre culpables el de otras es saberse culpables de todo.
El café se llamaba “El Destino” y él puede ser cualquiera de nosotros.