14.10.09

Recuerdos...





Después de varios días atormentándome con ese horroroso 0,9 sobre 2 en matemáticas y pasármela maldiciendo la existencia de la lógica matemática hasta el punto de querer darme contra los libros a ver si así me entraba algo… al fin llego el feriado y pude regresar a Atuntaqui… repito: ¡AL FIN!

Ya antes de llegar, en el interminable y complicado viaje en autobús me imagina como serian esos días… sabía que no todo sería perfecto dado que a la final todos esos libros que cargaba serian puro adorno allá pero aun así me emocionaba a mi regresar.
Ocurrió casi… casi, como me lo imagine… volver de quito que es una ciudad tapada de smoke a Atuntaqui que es una ciudad tan pequeña se sintió muy relajante… la gente, el aire, el cielo todo parecía más agradable.

Llegar a casa y después de haber pasado las duras y las maduras sobreviviendo sola, encontrar una casa donde todos se alegran de verme y donde hay una mamá que no olvido lo mala que soy en la cocina y que me espera con un plato recién preparado y no con una sino con dos tortas de chocolate de esas que tanto me encantan.
Al fin volver a ver un espacio verde poder ver esa planta de cedrón que de cuyas hojas han salido todos los tés que han acompañado a esta adolescente en sus noches insomnes junto al cuaderno de física, junto a su diario de cuentos o junto a la luna con quien compartía esos miles de pensamientos que tenia.
Poder saludar a Roberto, el árbol que plante cuando apenas y podía caminar y en cuyas ramas nacieron miles de historias que ahora tapan mi computadora.
Ver a esas personas que se ganaron el título de amigos fue un alivio después de haberme pasado casi un mes conviviendo con personas con las que tengo que romperme la cabeza para averiguar que pensaran, al fin esas personas que saben cómo tratarme como calmarme que saben escuchar de veras…
Pero apareció un sentimiento inesperado, que no había sido invitado al viaje… ocurrió la mañana del sábado mientras miraba por la ventana ese paisaje que tanto añoraba…
De pronto volvieron a mi miles de recuerdos, tal vez se debió al hecho de que ese paisaje que me saludaba esa mañana fue testigo de todos esos recuerdos que reviví.
Recordé mis primeros años cuando me sentaba junto a aquella ventana y mientras miraba ese paisaje me preguntaba que habría más allá… recordaba aquellos viajes en familia que ahora parecen un sueño, recordé como desde pequeña era bastante peculiar en mi forma de ser… las miles de veces que llore por eso y las otras miles de veces que agradecí ser diferente.
Las miles de anécdotas que contábamos entre amigos a la luz de la luna… la favorita era aquella que contaba mi padre acerca de mi primer acercamiento con un ternero… ja! Creo que desde entonces odie el amarillo… ;)
En un día muy parecido a ese sábado recibí mi primer libro… y hasta hoy, el mejor regalo que he recibido y que puedo recibir es un libro.
Luego está la llegada de una de las personas más importantes en mi vida y que me cambiaron por completo: mi hermano Mati, lo mucho que suspirábamos por esa cosita y lo mucho que lloramos cuando los exámenes médicos llegaron confirmando que tenía atrofia cerebral y cataratas. Las noches en vela que pase junto a él desde entones, las risas que tuvimos juntos, las confesiones en silencio… la primera palabra que dijo… las que nunca dejo de decir… cuando al fin caminó…
Luego llego esa otra persona que me marco… mi hermana: Jordi… ambas tan diferentes desde un principio… pero esa peleas nuestras siempre causaban la risa de los demás.


Y están esos momentos que marcaron mi vida personal: mi primer día de colegio… mi primer amor… la primera mala nota…. Esas increíbles notas que cansaban a todos… las risas que soltábamos esas tardes de estudio donde lo último que hacíamos era estudiar… todos esos helados en “El Vecino”…. Esas lágrimas que derramamos juntas…. Esas lágrimas que nadie me vio derramar… esos consejos de amor… esas salidas en grupo…. La vez que alguien se robo mi diario… la primera vez que escuche los nocturnos de Chopin y sin los cuales ahora no logro dormir…. Cuando leí Cien Años de Soledad y decidí que querría ser escritora como Gabriel García Márquez…. Cuando comencé a soñar con viajar a estudiar en Suiza… las noches que pase en vela peleándome con el ingles y el alemán para cumplir mi sueño… cuando mi sueño se frustro y comprendí que a veces las cosas no se dan siempre tan fácil… Todos los abrazos que me reconfortaron en ese momento y en todos los momentos malos que le siguieron… La vez que escuchamos a Tokio Hotel y desde entonces el tema de conversación fue el mismo… los novios, en plural… los novios…. J…. Cuando se perdió el Cd de Metálica… el primer poema que escribí…. Y los que han llegado desde entonces… cuando escribí mi primera canción… cuando mi libro comenzó a cobrar forma…. Esa primera borrachera…. Esas complicidades…. La graduación….
Los recuerdos se acabaron y yo con lágrimas en los ojos tuve que entender que parte de mí incomodidad con mi nueva vida es el hecho de que no tengo ningún recuerdo allá…. Allá no importa todo lo que he vivido porque es un libro diferente donde yo soy la tinta con la que nunca se ha escrito y que de alguna forma debe ganarse su lugar en la página….Comenzar de nuevo aun me asusta… dejar de lado todo lo vivido y comenzar a crear recuerdos nuevos también me asusta pero fue agradable regresar y descubrir que el camino que tome es el correcto.