18.7.16





Cuanto antes de acostarme me miré en el espejo,
me asusté muchísimo: esa cara gris de piedra,
ojos profundamente negros que centelleaban sombríamente y me miraban,
no era la mía, sino la de un lobo amenazador que estaba al acecho,
en las profundidades gélidas y que ninguna barrera hubiera podido detener
¿Qué quieres?, me pregunté, espantada.
Entonces vi distorsionarse todas las líneas de la habitación,
todo era extraño y siniestro. ‘Llegó el gran frío…’ así me acosté.
Diario, Sabina Spielrein