9.2.11

Desaprobación... Aprobación


Cuando tenía doce años comencé la costumbre de pedirle a mi mamá todo lo que los demás seres de mi edad tenían, me conformaba siendo yo en la soledad de mi casa, ella acostumbrada a mis rarezas y asumiendo que todo se debía al incesante deseo de encajar me compraba todo cuanto deseaba. La verdad es que no podía dejar el deseo de complacer a todos, esa complicidad de mi madre me orillaba más a ser quien no era ante los demás y entonces la ropa que en verdad me gustaba, la música que amaba, los amigos que frecuentaba, todo eso se convirtió en mi vida escondida. Era ante los demás alguien más de este mundo y curiosamente solo era parte de este mundo cuando estaba sola en mi casa.

Fue curioso cuando el telón se cayó y así como todos me miraban con curiosidad cuando intentaba ser como ellos, igual lo hacían cuando quería ser diferente a todos. Aprobación y desaprobación era palabras distintas pero ambas cosas se sentían igual. Vivía en ese vaivén de complacer y rebelarme, sin saber en qué punto me encontraba yo en serio. La costumbre de hablar en pasado es una prueba de la inestabilidad de mis sentimientos, quiero creer que ya paso cuando aun lucho por salir de ese círculo de complacencias. La desaprobación y la aprobación me gustan, cada cual juega un papel importante en mi vida y a la vez me desagradan, cada una es un barrote más de esta cárcel.